domingo, 10 de febrero de 2013

Capitulo 38. Saboreándonos.




Acabo de salir de su casa, corriendo y llorando como una loca… ¿Por qué? ¿Por qué me está pasando esto? No… Yo pensaba que… Que estábamos bien… Pero no… Pobre de mí… Qué ilusa soy… Noto como alguien está detrás de mí, mirándome. Me pongo nerviosa y me giro. Le veo a él…

Cris: ¿Qué quieres? Ya me has dejado bastante claro que no querías hablar del tema…
Dani: Lo siento, Cris… De verdad… No sé qué se me ha pasado por la cabeza…
Cris: Se te ha pasado por la cabeza el que tienes miedo de perder tu soltería, de no ser libre, de no poder ir de viaje en viaje con tus amigos, de no poder salir y entrar cuando te da la gana, de tener que acordarte de una fecha, de nuestra fecha. Tienes miedo de enamorarte locamente, de hacer locuras por el amor, porque estás enamorado…  Pero tienes un problema, Daniel… Te acabas de dar cuenta de que ya te pasa todo eso. De que ya no quieres ser libre, de que ya no quieres ir con tus amigos de viaje en viaje, de que ya no quieres salir y entrar cuando te da la gana, de que quieres acordarte de una fecha… Te acabas de dar cuenta de que ya haces locuras por el amor… Porque estás enamorado… Pero ya me has perdido, Daniel… Me acabas de echar de tu casa por no querer hablar… ¡No me ha sentado nada bien!”

Y así, de repente, me viene ese recuerdo… Ese recuerdo malo… Ese recuerdo de la última vez que le dije de que si podíamos hablar… Me mira y me dice que no, que ahora no puede… Tiene los ojos llorosos…

Cojo mis cosas y salgo de allí, salgo con la mirada triste, perdida…

Y varios días después, solo sé de él por su hermano… Está mucho mejor, ya le dieron el alta hace unos días…

Todos los días he ido al mismo sitio de siempre. Aquel sitio donde me llevó al principio del todo, a un bosquecito. Y ahora mismo estoy yendo a él. Cuando llego, salgo del coche y me siento en el morro de este. Miro al infinito mientras dejo caer algunas lágrimas, cómo siempre… Miro a mi derecha, y no me puedo creer lo que mis ojos ven… Es él… Me pongo nerviosa, demasiado. No sé qué hacer.  Hago como si nada, y miro otra vez al frente, al infinito.

Las lágrimas salen de mis ojos, y sin darme cuenta, estoy sollozando. Lloro desesperadamente, necesito volver a tenerle entre mis brazos, necesito darle besos, decirle que le quiero, que me haga suya…

Me levanto del morro del coche, para irme a mi casa y me le encuentro. Pego un bote del susto y un pequeño gritito…

Cris: ¿Qué… qué haces aquí…?
Dani: Eh… ¿Tú?
Cris: Pregunté yo primero…
Dani: Pensar… Este es nuestro sitio… No sé, todo aquí era tan especial… Veníamos siempre que podíamos…
Cris: Entonces estamos igual… Yo también he venido para pensar…
Dani: El no dejarte hablar el día del hospital… Lo siento, fue un error… - Se acerca a mí y me coge de la cara – Pequeña, siempre estoy igual… Siempre estoy cometiendo errores… Tienes que conseguir olvidarme…
Cris: - pongo mi dedo índice en sus labios – calla… De los errores se aprende, Dani…
Dani: Lo sé, pero yo siempre los cometo, y nunca aprendo… ¿Me aceptas una cosa?
Cris: ¿El qué?
Dani: ¿Te puedo invitar a cenar hoy en mi casa?
Cris: Dani… No sé…
Dani: Por favor, Cris… Quiero que hablemos…
Cris: Vale… Pues a las nueve estoy en tu casa. Hasta ahora, Dani – le doy un suave beso en la mejilla y voy a mi casa. Me cambio de ropa, no me arreglo mucho. Unos vaqueros, unas botas y una camiseta. Me arreglo un poco el pelo y me pinto un poco los ojos. Me siento en el sofá y pienso. Pienso mucho… ¿Qué me querrá decir? La verdad, es que yo le tendría que decir varias cosas, pero no sé me ocurre cómo empezar a decirle todo…

Nueve menos veinte. Cojo el coche y voy a su casa. Llego un poco bastante pronto, pero ya no sabía qué hacer en mi casa, y para él la puntualidad es tan importante… Pico al telefonillo, y me abre. Subo por el ascensor, y cuando llego a su rellano, me pongo nerviosa… No sé porqué ahora estos nervios…

Nos saludamos. Dos besos en las mejillas. Esos besos que tanto odio para cuando trata de que nos veamos nosotros. Dejo mi bolso y mi abrigo en su sofá. En ese sofá donde tantas veces me ha hecho suya…

Pasa la cena y llega el momento… Tarde o temprano tendríamos que hablar… Habla, y habla, y habla… No deja de echarse las culpas y yo de decirle que yo también tenía culpa en las cosas que decía. Pero llega mi momento… Le digo todo lo que siento y no sé cómo, acabamos besándonos… Un beso lento, tranquilo, sin prisa. Saboreándonos…